El Asesino es la entrada al camino de la Demonessa, y por su disposición está más cerca de un oficio que de la mística.
El cuerpo cambia para que el portador prospere en el combate, la esquiva y la ocultación;
el oído se aguza, la vista se vuelve de águila;
Ocultarse en la sombra permite esconderse en la oscuridad y entre las sombras, escapando a la mirada ajena.
El método de acción de la etapa no describe técnicas, sino una actitud hacia el asunto, y suena casi como una justificación:
el asesinato es un asunto en el que se arriesga la propia vida; es la forma más alta de castigo y una desgracia para los criminales;
todo Asesino es capaz de cambiar brevemente su cuerpo, ganando la ligereza de una pluma para el «salto de fe», posee visión de águila y nocturna y es bueno en el combate, la esquiva y la ocultación;
las sombras son sus amigas y su cobertura, y basta con dejar la sombra para que la ventaja desaparezca.
Este comienzo explica mucho del camino posterior. La Demonina no crece a través de la fuerza ni del poder, sino a través de la capacidad de hallarse cerca sin ser notada y de hacer aquello que de ella no se espera: más adelante eso se convertirá en la instigación, el embrujo, la enfermedad y, finalmente, la catástrofe.