El Equilibrador — grado angelical, y sus atribuciones por fin corresponden al nombre de todo el camino.
Equilibrio — al portador le pertenece una parte de ese poder;
Leyes — es capaz de promulgar leyes y decretos, y estos, al definir el entorno, ponen en vigor a la vez varios vetos o refuerzos.
La forma mítica se completa: una colosal columna de latón con las reglas grabadas en ella. Esa misma columna que en el cuarto grado era solo incompleta.
Ritual de ascenso — de los más estatales en todo el misticismo: poner fin al desorden en un continente entero y establecer entre las distintas fuerzas un equilibrio capaz de sostenerse no menos de un centenar de años.
Al respecto, el canon hace una importante salvedad: el ascendente no requiere ocupar una posición de primacía, pero está obligado a desempeñar un papel decisivo. El Equilibrista no es un gobernante; es aquel sin quien el equilibrio no habría llegado a formarse.
La composición enumera objetos tomados de distintos lados del mundo: una cosa que solo glorifica al Sol, un soplo de la tentación de la degeneración desde el Abismo del Corazón y contaminaciones del Duque de la Entropía o de un ser semejante. El equilibrio se reúne de los opuestos.