La Matriarca de la Devastación es una etapa angelical, y lo primero que el canon informa sobre ella: el avance hasta aquí convierte al portador en mujer, independientemente de su sexo original.
Le pertenecen las cuotas de cuatro potestades a la vez: la Tierra, la Desolación, la Cosecha y la Vida. La vecindad es elocuente: una misma fuerza da la cosecha y convierte la tierra en erial, y en esta etapa ambos lados finalmente convergen en unas mismas manos.
El ritual de avance es el más literal de todo el camino y, quizás, de todo el misticismo: concebir, dar a luz y criar a toda una raza.
Su composición está a la altura: órganos reproductores del Vástago de la Cosecha o el corazón de la Hija de la Desolación, diez mil almas de seres muertos de hambre y el resto de un oasis vaciado convertido en desierto.
Diez mil muertos de hambre junto al nacimiento de una nueva raza: ese es el camino de la Madre en su expresión máxima: aquí la vida y la desolación no son opuestos, sino dos extremos de lo mismo.