El Barquero es una etapa después de la cual ya es difícil llamar vivo al portador, y esa es su principal protección.
El canon lo formula directamente: casi cualquier tipo de ataque, excepto la purificación —como la que poseen los caminos del Tirano y del Sol—, es inútil contra el Barquero, como si no se pudiera matar a quien ya está muerto. De muerte natural no muere y, al transformarse gradualmente en un ser no vivo racional, no perece al instante ni siquiera en el propio Más Allá.
Le pertenece también una parte de la autoridad de la Muerte, y como trasmundano de tercera etapa responde a las oraciones en un radio determinado.
El ritual de avance es de los más irrevocables del misticismo: pasar por la Puerta convocada con sus propias manos hacia el Más Allá, tomar allí la poción y morir.
Desde ese instante, el Barquero se convierte en parte del Más Allá y en parte de la propia muerte. El canon añade un curioso detalle histórico: antes de que el Antepasado Fénix fundara el Más All y antes de la aparición de la Primera Tabla de la Blasfemia, este ritual simplemente no existía.