El Escriba es una etapa con una única habilidad, y es una de las habilidades más inusuales de todo el misticismo.
El Registro permite al portador, al ver un poder de otro mundo ajeno, intentar escribir sus símbolos, patrones y marcas místicas — y, si lo logra, conservarlos para una sola aplicación. Funciona así: el alma sirve de pluma, y el cuerpo espiritual, de papel.
Al principio las limitaciones son muchas, pero se debilitan a medida que se digiere la poción. Al usar el registro suena la fórmula: «Vine, vi y registré».
El método de acción explica a qué se dedica el Escriba entre combates:
- registrar diversas capacidades de otro mundo;
- registrar las costumbres y leyendas locales de distintas regiones.
Es decir, la etapa no exige hazañas, sino curiosidad y constancia — y precisamente de ese hábito de coleccionar lo ajeno crecerá todo el poder posterior del camino.
El valor del Registro está en que elimina la principal limitación del Más Allá: normalmente uno sabe exactamente lo que le dio su etapa. El Escriba, en cambio, es capaz de aplicar una vez lo ajeno — y cuanto más avanza por el camino, más serio se vuelve ese «lo ajeno». El Viajero ya sostiene hasta cuatro fuerzas semidivinas, y el Brujo de Secretos registra las angélicas, incluso las fuerzas de los reyes de los ángeles.
La cara oculta es evidente y vuelve a la etapa vulnerable en solitario: mientras el Escriba no ha visto nada, no tiene nada. Su fuerza es una fuerza ajena, vista a tiempo y registrada con precisión.