El Alquimista es el umbral del semidiós, y su núcleo se llama precisamente así: Alquimia.
El canon señala también el segundo lado del escalón: fuera del combate, el Alquimista desempeña un papel notable en la vida cotidiana. La creación no es para él una técnica, sino una ocupación, y los frutos de esa ocupación se extienden mucho más allá de las batallas.
Como semidiós, es capaz de manifestar una forma mítica incompleta si está dispuesto a no tener en cuenta las consecuencias.
El ritual de ascenso es el más sombrío de todo el camino y rompe bruscamente con su tono erudito: extraer toda la fuerza vital de un área elegida de modo que el suelo se convierta en desierto y los lagos se sequen.
En la composición figuran, entre otras cosas, un trozo de su propia carne y sangre y un objeto que simboliza la suerte. El camino que durante todo este tiempo exigió planos, libros y lentes, en el umbral de la divinidad exige una parte del propio maestro.