El Ojo que Todo lo Ve es el penúltimo escalón, y sus atribuciones justifican el nombre.
La Omnisciencia — el portador ve información sobre cualquiera y sobre cualquier cosa, sea el pasado, el presente o el futuro del objetivo; el ámbito de esta omnisciencia es la observación de la información;
El Mentor del Mundo Astral — durante poco tiempo y en límites restringidos, maneja los conceptos del Mundo Astral de modo que despoje de sentido una acción ajena, provoque en ella un error o, por el contrario, potencie sus consecuencias.
El ritual de ascenso a este escalón es el caso más raro en que se exige al ascendente una locura controlada: entrar brevemente en un estado semicáotico, conservando al mismo tiempo la conciencia principal y la cordura, y en ese estado tomar la poción. Los métodos el canon no los enumera por completo, pero menciona la influencia del Caos de la Demonessa y la corrupción del Mar del Caos.
La composición, en cambio, se reúne a partir de la sangre de los vecinos de las cumbres: cien mililitros de sangre del Ángel Oscuro, del Dios del Trueno, del Autor y del Ángel Blanco — y el canon añade que todos ellos pueden ser sustituidos por algo de mayor calidad.
La poción se describe como un líquido de latón, arremolinado con furia en un embudo semejante a un ojo gigantesco, y la característica — como un enorme ojo de latón en el que se refleja una Torre Blanca fantasmal, como erigida de innumerables libros.