El Bardo es la entrada al camino del Sol y uno de los pocos novenos escalones que casi no aporta nada a su portador en lo personal, pero mucho a quienes están cerca.
Físicamente el Bardo se fortalece, pero nada más. Su verdadera habilidad es el Canto: con la voz impone sobre sí mismo y sus aliados las más variadas acciones. El Canon lo describe como una especie de «trabajo» que trae devoción y sumisión, es decir, el Canto no solo refuerza a los oyentes, sino que también los dispone hacia quien canta.
Qué es lo que da exactamente: valor y liberación del miedo, un aumento de fuerza, movilidad y velocidad, así como cierta restauración espiritual.
Aquí el Canon es inusualmente sincero sobre los límites: aparte de lo enumerado, el Canto no sabe hacer nada más. Ni golpear, ni proteger, ni disipar hechizos ajenos se puede con él; este es un oficio de apoyo en su forma más pura.
Ese comienzo dice mucho sobre todo el camino. El Sol crecerá hasta convertirse en la fuerza de la purificación, los pactos y la justicia, es decir, en un poder que actúa sobre los demás y a través de los demás. Y comienza con una persona que simplemente canta para quienes están cerca y con eso los hace más fuertes.
La composición de la poción se sustenta en lo solar y lo sonoro a la vez: el girasol de cristal o la pluma del ave de fuego dan luz, mientras que la piedra de las sirenas o el girasol cantante dan voz. No hay ni una sola parte de bestia depredadora en la fórmula, y esto es una rareza para el noveno escalón.