El Emperador Negro es la cima del camino, y su poder clave se denomina Autócrata. Pertenece al simbolismo de la Sombra del Orden, y bajo él se sitúan los poderes subordinados: Distorsión, Explotación, Determinación y Capas.
Todos ellos, salvo las Capas, se apoyan en el Orden: hallando en él grietas e invirtiendo su sentido original, el Emperador Negro hace que el Orden le sirva. A esto también pertenece la Resurrección, la propiedad más desagradable para sus enemigos. Incluso destruido de verdad, regresa: la muerte pertenece a la parte profunda y fundamental del Orden de la realidad y, por tanto, le obedece. Despierta en uno de los mausoleos erigidos para su propia deificación.
El segundo poder clave es el Desorden, y lo posee en su mayor parte. En la cima, el portador ya no es un parásito del Orden, ni su intérprete, ni siquiera un distorsionador: se desprende del Orden por completo, sumiendo los propios conceptos de orden y reglas en un completo caos.
Su Reino Divino lleva dos nombres: el Infierno de la Orden y los Falsos Cielos de la Ley.
El ritual de ascensión es el más largo del camino: abarca todo un país y años de preparación.