Príncipe de la Erradicación — la penúltima etapa, donde el camino deja definitivamente de esconderse tras reglas ajenas y comienza a reescribirlas.
Al portador le pertenecen partes de dos potestades: la Distorsión y la Definición. Juntas le otorgan el derecho de redefinir el Orden existente y distorsionarlo a su conveniencia, logrando el resultado deseado no por la fuerza, sino mediante la reformulación.
Una salvedad importante: la Distorsión del Príncipe trabaja con el Orden correspondiente y sus reglas, pero no con las que yacen en la base misma del universo. Hasta las leyes profundas el camino solo llegará en la cima.
El ritual de ascenso refleja esa discreción: no hay que tomar el poder, sino sustituirlo imperceptiblemente.