Calamidad — una etapa angélica, llamada así por lo que se convierte el portador: no en quien provoca una catástrofe, sino en la catástrofe misma.
Le corresponde una parte del poder sobre las calamidades, y la nueva habilidad golpea directamente a lo vivo: Voz del horror. Con su sonido, el portador infunde un terror absoluto en los seres vivos e incluso en los artefactos sellados en un radio de cientos de kilómetros, obligándolos a obedecer.
La forma mítica se completa: una criatura gigantesca, semejante a un pulpo, con gruesos tentáculos monstruosos rodeados de relámpagos plateado-blancos.
El ritual de ascenso es uno de los más crueles de todos los caminos, y lo es precisamente por su segunda mitad: no basta con provocar una calamidad para un millón de personas, hay que presentarse además ante ellas en el pico de la desesperación y detenerla — y nuevamente en solitario.
También es reveladora la base de la fórmula: la característica de ultratumba de la Reina de las Calamidades, Kohinem — con la salvedad del canon de que la propia Kohinem no es un ángel puro del camino del Tirano.