El Criptólogo es la etapa en la que el camino del Error adquiere su propio modo de conocer la verdad, y ese modo difiere fundamentalmente de la adivinación.
El Descifrado permite restaurar la verdad detrás de cualquier fenómeno místico o predecir el desarrollo de los acontecimientos a partir de migas de pistas. Se compone de tres cosas: una observación agudizada y la capacidad de conectar hechos, una intuición espiritual fuertemente potenciada y el dominio del conocimiento místico.
El Canon destaca la principal diferencia: el Descifrado no es adivinación ni profecía. El Criptólogo necesita datos sobre los cuales construye su conclusión; no acierta al azar. En cambio, con suficiente material descifra:
los sueños, las obsesiones y otros enigmas, hasta la ubicación del enemigo;
los conjuros con los que se activan los amuletos y los objetos místicos;
los secretos de los propios objetos místicos y de los artefactos sellados.
Esto también tiene un peligro, del cual el Canon advierte por separado: algunos intentos de descifrado atraen la atención de los seres superiores. La verdad a la que el Criptólogo se acerca a veces mira en respuesta.
En la versión del camino de Amón, este fortalecimiento llega más tarde, solo al Parásito, —por lo que muchos Criptólogos de esa versión poseen capacidades incompletas e insuficientemente agudas.