El Abogado es la entrada al camino del Emperador Negro y, quizás, el noveno peldaño más engañosamente inofensivo de todo el misticismo. No otorga ninguna fuerza bruta: su arma es la palabra, el procedimiento y la confianza ajena.
La elocuencia convierte a su portador en un maestro de la persuasión y el razonamiento. Con palabras, actos y un orden de acciones bien trazado, influye en los juicios, pensamientos y conclusiones de los demás — distorsionando o encauzando hasta cierto punto el hilo de pensamiento del interlocutor, sin dejar de ser uno de los suyos y digno de confianza. Es difícil notar tal influencia: incluso la intuición espiritual puede no bastar para reconocer la sustitución. Peor aún, también opera de forma pasiva, sin la intención directa del propio Abogado.
La segunda habilidad es el conocimiento de la ley. El Abogado encuentra sin error las brechas en las reglas y los puntos débiles del adversario, y luego lo golpea con el propio Orden, tejiendo a su alrededor un entorno favorable. Como uno de los mejores usuarios del Orden entre los peldaños inferiores, es capaz de engañar incluso a las capacidades que funcionan a través de los sueños y los canales espirituales.
En esto reside el carácter de todo el camino: la fuerza del Emperador Negro no comienza con el puño, sino con la capacidad de torcer las reglas para que trabajen a tu favor.