El Provocador — una etapa en la que el camino se agarra de los nervios ajenos. El cuerpo aumenta moderadamente — la fuerza, la velocidad, la destreza y la rapidez de respuesta crecen, — y la espiritualidad vuelve a crecer un poco.
La propia Provocación está dispuesta de manera curiosa: impone al portador un cambio de estado constante, pero para la acción necesaria exige además una activación consciente.
El método de acción explica en qué se diferencia la provocación verdadera del insulto de plaza, y esta explicación es aleccionadora:
hay que poseer una gran cantidad de datos y rumores y entender a aquel a quien se pretende herir — solo así, con una sola frase, se puede privarlo del juicio y quemarle la cabeza;
la provocación simple casi no ayuda a digerir la pócima: la provocación es solo un medio, no un fin;
hay que herir a quien es más fuerte, a quien está más arriba en la Secuencia.
El último punto convierte la octava etapa en una ocupación sumamente arriesgada: para crecer, el Provocador está obligado a enfadar a quienes pueden matarlo.