La Serpiente de Mercurio es el penúltimo escalón, y su potestad se llama Ciclo: al portador le pertenece su parte, y con ella las autoridades subordinadas de la Conservación y la Elección.
La forma mítica está completa: una serpiente gigante sin escamas, cuya superficie está densamente cubierta de patrones y símbolos. Estos símbolos son ruedas, unidas entre sí, y cada una difiere de las demás: cada una significa un futuro posible propio.
El ritual de ascenso ofrece dos caminos, y ambos son terribles a su manera:
encontrar la forma de extraer de uno mismo todos los recuerdos, y tras tomar la poción, verterlos de nuevo;
o bien, mediante el camino Pfortal del Vidente, durante la ceremonia, retroceder hasta el estado de embrión, perdiendo toda memoria, y despertar toda la profundidad del conocimiento sepultada en su interior.
El ingrediente, además, es extrañamente personal: el propio cordón umbilical, que quedó del nacimiento, o los restos de la coraza. El camino que trabaja con el ciclo exige aquello con lo que el portador comenzó.