
Escalón de Dios

El Vidente es la cima del camino, nacida de la simple habilidad de observar a las personas desde fuera. Del Espectador, que leía los gestos ajenos en el salón de baile, a aquel que marca la dirección de toda una época, todo el camino trata de una sola cosa: comprender la mente ajena lo suficiente para que comience a moverse hacia donde se necesita.
La principal facultad de la cima es la Imaginación, la conversión de la ficción en realidad, y en manos del Vidente suena casi insultantemente simple: lo que imagine, eso se hará realidad.
El Reino Divino que imagine descenderá al mundo material;
el futuro que proclame se desarrollará y se hará presente;
con la suficiente comprensión de los conceptos necesarios, en cierto sentido es omnipotente — pero esta omnipotencia es impotente contra lo que borra las ilusiones y atraviesa la ficción de parte a parte;
el asunto no atañe solo al razonamiento y a la percepción, sino también al Mundo Astral, donde convergen conceptos y símbolos: el Vidente es capaz de dividir dos características de ultratumba de la primera etapa y sustituirlas por otras imaginarias, conservando su propio rango y poder.
El simbolismo del que crece este poder es el Creador: aquel que crea lo existente y los propios conceptos con la fuerza de la imaginación, y la facultad de la Omnipotencia bajo el simbolismo de la Omnisciencia y la Omnipotencia.
La segunda facultad es la Mente. El Vidente domina todo el mundo del razonamiento: tanto las islas individuales de conciencia como el Mar del subconsciente colectivo. Es capaz de retroceder el razonamiento ajeno a un estado infantil, arrebatando todos los recuerdos, incluidos los subconscientes, — y al mismo tiempo despertar toda la profundidad del conocimiento enterrado en el alma y en la mente de la entidad. Y además puede, a través del Mar del subconsciente colectivo, verter en el ser un mal presentimiento en el momento decisivo de su ritual de ascenso: entonces la pérdida de control se vuelve inevitable.
El ritual de ascenso muestra la magnitud con más claridad que cualquier facultad: el desarrollo de los tiempos debe coincidir con las expectativas del ascendente, y la poción se toma en un punto determinado de ese movimiento. No someter la época por la fuerza, sino adivinarla y dirigirla para que ella misma llegue a donde se la espera.
Una descripción aparte de la poción y de su composición el canon no la ofrece para la etapa cero — como en la mayoría de las cumbres, aquí el asunto no se resuelve con una receta.
El canon no menciona la composición del escalón 0: a la cima de este camino no se asciende con una receta, sino por la coincidencia de los propios designios con el curso de los tiempos.
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