El Guerrero es el primer peldaño del camino del Gigante y la entrada más directa a lo sobrenatural que conoce el misticismo. La poción no otorga hechizos, ni previsión, ni poder sobre los espíritus: toma el cuerpo humano y lo lleva hasta el límite de lo posible, y luego desplaza ese límite un poco más allá.
La fuerza y la movilidad del Guerrero superan notablemente todo lo que puede hacer una persona no sobrenatural. Junto con el cuerpo llega también la habilidad de manejarlo:
no hay arma que no sea capaz de usar, — desde el cuchillo y la bayoneta hasta la pesada hoja de dos manos;
no hay armadura que restrinja sus movimientos;
cualquier estilo de combate lo domina más rápido y más a fondo que un soldado común en años de servicio.
Es precisamente por esa honesta franqueza por lo que el peldaño es valioso: el Guerrero no depende de rituales, amuletos ni circunstancias favorables — su fuerza está siempre con él, no se apaga por la intervención ajena ni exige preparación.
La franqueza tiene también su cara inversa. El peldaño 9 sigue siendo totalmente humano: la resistencia a lo sobrenatural en este nivel aún no existe — llegará solo con el Luchador Cuerpo a Cuerpo. Contra ilusiones, ataques espirituales y maldiciones el Guerrero no está mejor protegido que una persona común, y en un enfrentamiento con un místico su ventaja en músculos puede no significar nada.