El Ángel Blanco — el penúltimo escalón, en el que el portador recibe porciones de tres poderes a la vez: Santidad, Orden y Fe.
Encarnación del Orden — mientras la vida comercial y el orden general vinculados a él permanezcan intactos, extrae de ellos fuerza, curando heridas y manteniéndose en forma;
Santo Reino — un área fantasmal capaz de cubrir una ciudad entera del tamaño de Bäcklund, llena de resplandor solar y poder de purificación;
Siervo de la Fe — la santidad misma conduce a la fe, y la fe se convierte en su poder subordinado;
Luz blanca pura — la destrucción es una forma de purificación, y la purificación conlleva igualmente destrucción.
Por separado, le pertenece una porción de poder sobre el propio Sol: teóricamente, el Ángel Blanco es capaz de desempeñar el papel de astro e iluminar el mundo. En combate esto se manifiesta como el Mensajero Solar — derrama una luz pura infinita, como si el sol hubiera descendido de repente a la realidad.
La composición de la poción en este escalón deja de ser cinegética y se vuelve simbólica: la costilla de Aucus, la propia sangre, un sol en miniatura inestable y un objeto que encarna al propio portador como objeto de fe — por ejemplo, un emblema sagrado solar al que se rindió culto durante más de diez años en la catedral donde sirvió como ángel guardián.
El ritual exige aquello que no se puede lograr en solitario: la adoración sincera de un millón de personas.