Audrey Hall es la hija menor del conde Hall, estrella de los salones de Backlund y una chica que soñaba con lo sobrenatural más que todo el alta sociedad con los bailes. Su sueño se hizo realidad a lo grande: se convirtió en una de las tres primeras integrantes del Club del Tarot bajo el nombre de Justicia. A través del Club, obtuvo la poción del Espectador y comenzó el camino del Vidente: leer a las personas por sus gestos, escuchar sus pensamientos, curar mentes rotas. Audrey aplica sus lecciones de psicología en miembros de su familia, celebridades mundanas y —con especial placer— en criminales. Tras la fachada de una ingenua aristócrata, emerge rápidamente una de las figuras más perspicaces de la novela: Audrey crece de una entusiasta debutante a una fuerza con la que las iglesias deben contar. Su fiel compañera es la perra sobrenatural Susie, más inteligente que la mayoría de las personas.