El Demonio — es el umbral del semidiós, y el canon lo describe de forma breve y exhaustiva: un verdadero Demonio es demoníaco tanto en cuerpo como en mente.
En un radio determinado, corrompe imperceptiblemente las capacidades mentales de quienes lo rodean, volviéndolos descuidados y propensos a cometer errores;
aparecen nuevos conjuros — Ciénaga Ácida, Llama Infernal, Niebla Corrosiva, Ilusión Pútrida y Proyección, independiente del Abismo;
se intensifica el Presentimiento de peligro;
la Lengua de la Abominación se enriquece con las palabras de Confusión, Ociosidad y Blasfemia;
el Dominio sobre el deseo ya no exige esperar a que el objetivo se agite: con la voz, la mirada y el gesto, el Demonio influye en uno o en todos dentro del radio.
El ritual de ascenso exige una escala que hasta ahora el camino no había necesitado: convencer a no menos de diez mil criaturas racionales de vender voluntariamente su alma — y obtener con éxito esas almas. Cuanto más alta es la posición del objetivo, menos almas se requieren.
La composición, en cambio, marca un récord de crueldad entre todos los veintidós caminos: los corazones de noventa y nueve Trasmundos. No de monstruos, no de bestias — de Trasmundos.