El Brujo — la etapa en la que el camino del Ermitaño se vuelve verdaderamente mágico.
La espiritualidad aumenta y da agudas advertencias sobre el peligro;
Brujería: el Brujo crea sus propios hechizos, apoyándose en lo estudiado, desmenuzado y comprendido, y a veces en su vínculo con el mundo Espiritual;
Conocimiento de la brujería: al dominar las áreas correspondientes de la mística, prepara pociones y fabrica objetos místicos mejor que antes;
Los ojos que espían el secreto se fortalecen considerablemente.
Lo clave aquí es que el Brujo precisamente crea los hechizos, y no los recibe ya hechos. Esto lo distingue de los sacerdotes, a quienes los encantos se les otorgan, y lo emparenta con el Maestro del Misticismo del camino del Discípulo: ambos derivan el poder de la comprensión.
En la composición se incluyen un par de ojos de una persona fallecida y una copia de los registros del Brujo anterior: el camino del conocimiento vuelve a exigir no solo la obtención, sino también la continuidad.