Telépata — etapa en la que la observación se convierte en lectura directa. La vista vuelve a agudizarse y se vuelve notablemente más clara que antes, pero la habilidad principal ya no está en los ojos.
La lectura de pensamientos permite al portador captar los pensamientos superficiales del interlocutor y, hasta cierto punto, prever hacia dónde se dirigirán esos pensamientos. Aún no es poder sobre la mente ajena: el Telépata lee lo que está en la superficie y completa el curso del razonamiento, pero no lo modifica.
El análisis del lenguaje corporal también crece y deja de limitarse a lo externo: el Telépata percibe el aura, el cuerpo etéreo y otras capas místicas de la persona. La otra cara de la misma habilidad es que él mismo sabe perfectamente qué sentimiento conviene mostrar en cada situación y con qué gestos y expresiones faciales interpretarlo.
El método de acción de esta etapa consiste en una única regla, y es sorprendentemente pragmática: no hacer actos bruscos ni ilógicos. Quien lee los pensamientos ajenos debe permanecer comprensible y previsible — de lo contrario, el papel se desmorona.
La composición de la poción se apoya en criaturas ligadas a la mente y a la ilusión: la hipófisis de la salamandra iridiscente y el líquido cefalorraquídeo del conejo farssman.